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Primera Construcción del Santuario del Imam Alí, la paz sea con él

Un secreto guardado durante décadas. Un sueño que cambió el destino de un califa. Una profecía cumplida por manos inesperadas. Así nació el santuario del Imam Ali (P), y con él, la ciudad de Nayaf. Adéntrate en la fascinante historia de la primera construcción que convirtió un lugar oculto en el corazón palpitante del mundo chií.

La tumba del Imam Ali (la paz sea con él), conforme a su sabia disposición testamentaria —basada en el conocimiento divino y en una profunda prudencia política—, permaneció oculta durante varias décadas. Una de las razones más importantes de esta decisión fue evitar las ofensas y profanaciones por parte de enemigos acérrimos, en especial del gobierno omeya. Mu‘awiya ibn Abi Sufyan llevó su enemistad hasta el punto de promover públicamente la injuria y la maldición contra el Imam Ali (la paz sea con él) desde los púlpitos oficiales, y de fomentar el odio en la sociedad mediante la falsificación de relatos. En un contexto así, que la tumba del Imam fuera conocida suponía un serio riesgo de profanación y ultraje. Por ello, los Imames Hasan y Husain (la paz sea con ellos), siguiendo la instrucción de su padre, mantuvieron oculto su sepulcro. De acuerdo con las fuentes históricas, el lugar de enterramiento del Imam Ali permaneció oculto hasta la época del Imam Ya‘far al-Sadiq (la paz sea con él).

Desde que el Imam Ya‘far al-Sadiq (la paz sea con él), sexto Imam de los chiíes, dio a conocer el lugar de enterramiento del Imam Ali (la paz sea con él), a lo largo de los siglos se han realizado diversas construcciones y numerosas restauraciones en este noble santuario.

En este proceso, numerosos reyes, sultanes, emires y destacadas personalidades, invirtiendo grandes riquezas y dedicando considerables esfuerzos, han desempeñado un papel significativo en la conservación, el esplendor y la protección de este santuario. Su motivación ha sido alcanzar la recompensa divina y beneficiarse de la intercesión[1] de quien es conocido como —el Divisor del Paraíso y del Infierno[2]—, es decir, el Imam Ali (la paz sea con él).

Seyed Abd al-Karim ibn Tawus[3] dice al respecto:

“Si quisiéramos nombrar a todos aquellos que han visitado este santuario, o que han contribuido a su construcción y embellecimiento, y acercándose así a Dios, desde reyes, nobles, ministros, literatos, jueces, juristas y eruditos, mencionarlos uno por uno llevaría demasiado tiempo”.

El primer monumento del sagrado santuario del Imam Ali

La primera cúpula distintiva construida sobre el sagrado santuario del Imam Ali (la paz sea con él), fue erigida por el rey de Tabaristán, Muhammad ibn Zayd, alrededor del año 896 d.C.

Durante el califato de Al-Mu‘tadid (856-901 d.C.) de la dinastía abasí, Muhammad ibn Zayd construyó con gran dedicación el santuario sagrado y erigió a su alrededor un recinto con setenta iwanes, para que los peregrinos pudieran beneficiarse de mejores servicios.

Algunos historiadores, por error, han considerado que este recinto fue la primera muralla de la ciudad de Nayaf; sin embargo, esta construcción era en realidad un muro para el patio del santuario.

Anteriormente, el Imam Ya‘far al-Sadiq (la paz sea con él) había predicho que un hombre antes de su martirio construiría un recinto con setenta iwanes para este noble santuario; esta profecía se cumplió en relación con Muhammad ibn Zayd.

Además de construir este importante monumento, este rey envió muchas propiedades de Tabaristán para la prosperidad y reconstrucción de los santuarios sagrados en Nayaf y Karbala.

Las fuentes históricas confiables enfatizan que Muhammad ibn Zayd fue el primero en construid una cúpula destacada sobre el sagrado santuario del Imam Ali (la paz sea con él).

Narraciones sobre Muhammad ibn Zayd.
Abd al-Rahman ibn al-Jawzi relató de Abu al-Ghana’im ibn al-Narsi:

El Imam Sadiq (la paz sea con él) y el Imam Baqir (la paz sea con él), quinto Imam de los chiíes, visitaron la tumba del Imam Ali (la paz sea con él). En ese entonces, aún no había una tumba visible, sino solo un terreno plano, hasta que llegó Muhammad ibn Zayd y reveló la tumba.

De esta narración se deduce que “revelar” se refiere a la construcción de un monumento sobre la tumba por parte de Muhammad ibn Zayd, tal como lo indican los textos anteriores.

Más arriba también dijimos que el Imam Ya’far Sadiq (la paz sea con él) reveló la tumba y construyó una plataforma sobre ella, precisamente en el año en que cayó la dinastía Omeya (750 d.C.).

Abu Ishaq al-Sabi (fallecido en 994 d.C.) también señala esta misma opinión y sobre Muhammad ibn Zayd dice: “Él fue el primero en construir un monumento sobre las tumbas del Imam Ali y del Imam Husein (la paz sea con ellos), gastando veinte mil dinares”.

Ibn Isfandiyar relata:

“Hasta la época de Muhammad ibn Zayd, los sagrados santuarios del Imam Ali (la paz sea con él), del Imam Husein (la paz sea con él) y de otros imames y grandes personalidades del chiísmo estaban en ruinas y destruidos.

Cuando Muhammad ibn Zayd tomó el control de Tabaristán y el califa de Bagdad (Al-Muntasir) estaba en el poder, se inclinó hacia la fe chií, mostrando gran respeto y consideración por la familia de Abi Talib (la paz sea con ellos).

Y aunque él mismo era descendiente de los abasíes, nunca se atrevió a dañar a los hijos del Profeta (la paz sea con ellos).

Muhammad ibn Zayd se dedicó a restaurar los santuarios sagrados y, en cada lugar donde se sospechaba la existencia de una tumba venerable, construía un monumento.

Cada año enviaba treinta mil dírhams para la conservación y mantenimiento de los santuarios del Imam Husein (la paz sea con él), del Imam Ali (la paz sea con él), del Imam Hasan (la paz sea con él) y de otras grandes figuras. Y cuando al-Mutawakkil[4] (821-861 d.C.) destruyó los santuarios de los imames, la primera persona que ordenó su reconstrucción fue Muhammad ibn Zayd”.

Seyed Muhammad ibn Abi Talib al-Husaini al-Haeri al-Karki dice:

“Después de al-Mutawakkil, su hijo al-Muntasir (838-862 d.C.) asumió el califato. Él mostró bondad hacia los descendientes de Abu Talib[5], distribuyendo bienes entre ellos, y las tumbas de los imames fueron nuevamente reveladas durante su época. En este período, Muhammad ibn Zayd ordenó que los santuarios del Imam Ali (la paz sea con él) y del Imam Husein (la paz sea con él) fueran restaurados y que se construyeran monumentos sobre ellos. Posteriormente, estos dos santuarios sagrados se desarrollaron aún más, añadiéndose nuevas construcciones a ellos”.

Sobre Muhammad ibn Zayd, Seyed Abd al-Karim ibn Tawus escribe:

“Él es quien construyó el sagrado santuario de Nayaf durante el califato de al-Mu’tadid. Luego, fue asesinado en una batalla contra las tropas del gobierno y enterrado en Gorgan”.

En otro texto, el arqueólogo francés Louis Massignon (1883-1962) dice:

“Alrededor del año 902 d.C., Muhammad ibn Zayd construyó una cúpula para honrar y venerar al Imam Ali (la paz sea con él), quien está enterrado allí. Luego, Sayf al-Dawla (en el año 929 d.C.) añadió construcciones y mejoras a ese edificio. Durante la dinastía Búyida, esta cúpula se convirtió en un santuario de peregrinación”.

El papel protector del califa abasí al-Mu’tadid hacia los administradores del santuario del Imam Ali (la paz sea con él)

Al-Mu’tadid asumió el califato en el año 892 d.C., después del fallecimiento de al-Mu’tamid. Debido a un sueño que tuvo, no agredió a los peregrinos del sagrado santuario del Imam Ali (la paz sea con él) y honró a los descendientes de Abu Talib.

Al-Tabari registra los detalles de este evento en los acontecimientos del año 895 d.C. de la siguiente manera:

“En ese año, Muhammad ibn Zayd envió desde Tabaristán treinta y dos mil dinares a Muhammad ibn Ward al-Attar para que los distribuyera entre sus familiares en Bagdad, Kufa, La Meca y Medina.

Sin embargo, este asunto fue denunciado y llevaron a Muhammad ibn Ward a la casa de Badr y allí fue interrogado. Él declaró: ‘Cada año me envían tal cantidad de dinero, y yo lo distribuyo entre los parientes del remitente según sus instrucciones’”.

Badr informó de esto a al-Mu’tadid y le hizo saber que tanto la persona como el dinero estaban en su poder, preguntando la opinión del califa al respecto.

Al-Mu’tadid, en respuesta, citó unas palabras de Abu Abdullah al-Hasani y dijo: “Oh Badr, ¿recuerdas aquel sueño que te relaté?” Badr no lo recordaba.

Al-Mu’tadid dijo: ¿No recuerdas que te conté que Naser me vio en un sueño y me dijo: ‘Sabe que este asunto (el califato) llegará a ti, así que presta atención a cómo tratarás a la familia de Ali?

Luego continuó: En el sueño, vi que había salido de Bagdad hacia Nahrawan con mi ejército. La gente me observaba a mí y a mis tropas con entusiasmo. En ese momento, pasé junto a un hombre que estaba de pie sobre una colina, absorto en su oración, sin prestar atención alguna a mí ni a mi ejército.

Me sorprendió su indiferencia. Me acerqué para detenerme frente a él; cuando terminó su oración, me dijo: «Acércate». Me acerqué.

Preguntó: «¿Me conoces?» Dije: No.

Dijo: «Yo soy Ali ibn Abi Talib. Toma esta pala y golpea la tierra con ella».

Tomé la pala que estaba frente a él y golpeé la tierra varias veces.

Luego dijo: «Por cada golpe que diste, uno de tus descendientes sostendrá el califato. Así que recomiéndales que traten bien a mis descendientes».

Badr dijo: Sí, ahora lo recuerdo.

Entonces, al-Mu’tadid ordenó la liberación de Muhammad ibn Ward y sus bienes, y le escribió pidiéndole que solicitara a su señor en Tabaristán enviar los fondos abiertamente, y que Muhammad ibn Ward los distribuyera abiertamente. También ordenó que Muhammad recibiera respaldo en la distribución de los fondos.

Al-Qadi al-Tanuji (fallecido en 994 d.C.) también relató:

Durante el tiempo que al-Mu’tadid estuvo encarcelado por parte de su padre, tuvo un sueño. En el sueño vio a un anciano venerable sentado a la orilla del Tigris. Cuando este señor extendía su mano hacia el agua, todas las aguas se reunían en sus palmas y el Tigris se secaba; luego las liberaba y el Tigris fluía nuevamente. Pregunté sobre su identidad y me dijeron: ‘Este es Ali ibn Abi Talib. Me acerqué a él y lo saludé. Él me respondió…

El proceso de formación y expansión de Nayaf

La construcción histórica realizada por Muhammad ibn Zayd en el año 896 d.C. marca, de hecho, el inicio de la formación de la sagrada ciudad de Nayaf como centro urbano. Antes de esta fecha, el lugar estaba deshabitado.

A partir de entonces, comenzó el servicio al sagrado santuario del Imam Ali (la paz sea con él), y se iniciaron aspectos como la administración y supervisión de este lugar sagrado, la residencia permanente de los chiíes cerca del sagrado santuario del Imam Ali (la paz sea con él) y los entierros en este lugar sagrado.

Por otro lado, gradualmente aumentaron la prosperidad y expansión de esta ciudad, de modo que con el paso del tiempo, la sagrada ciudad de Nayaf se convirtió en una gran ciudad islámica y un centro de pensamiento y cultura.

Posteriormente, esta ciudad llegó a ser reconocida como la cuna del alto liderazgo religioso chií y el núcleo de los seminarios teológicos en el mundo islámico.

Fuente:
Extraído del libro Historia del Sagrado Santuario del Imam Ali (la paz sea con él)

[1] – En el Islam, la shafā‘ah (شفاعت) se refiere a la intercesión espiritual que ciertos profetas, imames o personas santas pueden realizar ante Dios para beneficiar a otros. Es decir, estas personas elevan súplicas o intervienen ante Dios para perdonar, proteger o aliviar el castigo de alguien, siempre con la voluntad de Dios. En el caso del Imam Ali (la paz sea con él), se le considera capaz de interceder por sus seguidores ante Dios, lo que significa que su amistad y devoción pueden acercar a la persona a la misericordia divina y alejarla del castigo, mientras que la enemistad con él puede tener efectos opuestos según las tradiciones religiosas chiíes.

[2] – «Qasim al-Yanna wa al-Nar» (El Divisor del Paraíso y el Infierno) es una expresión extraída de diversas narraciones del Profeta del Islam (la paz sea con él) referidos al Imam Ali (la paz sea con él). En estas narraciones se afirma que él es quien distingue y separa a los merecedores del Paraíso de los destinados al Infierno. Según la interpretación de los sabios musulmanes, este título admite dos entendimientos principales:

– Que el amor o la enemistad hacia el Imam Ali (la paz sea con él) son criterio de fe e hipocresía, respectivamente; por ello, sus seguidores, como creyentes, alcanzan el Paraíso, mientras que sus enemigos, como hipócritas, son destinados al Infierno.

– Que el Imam Ali (la paz sea con él) tendrá, por voluntad divina, un papel activo y directo en el Día de la Resurrección al determinar el destino final de las personas.

Por esta razón, «El Divisor del Paraíso y del Infierno» es considerado uno de los títulos honoríficos del Imam Ali y es mencionado también en sus salutaciones y visitas rituales (ziyarat)

[3] – Un erudito del siglo XIII d.C.

[4] – Un califa abasí que reinó entre el 847 y el 861 d.C.

[5] – Abu Ṭalib fue un líder prominente de la tribu de Quraysh en La Meca y el tío paterno del profeta Mahoma. Se le conoce por haber protegido y apoyado al profeta durante sus primeros años de predicación, brindándole seguridad y respaldo frente a la oposición de otros miembros de la tribu. Abu Ṭalib es recordado por su papel crucial en la historia temprana del Islam, aunque nunca se convirtió al Islam.

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