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El Príncipe de los Creyentes pronuncia un sermón durante Eid al-Adha sobre la fe, la justicia y la adoración a Dios

El sermón del Príncipe de los Creyentes (la paz sea con él) en Eid al-Adha

Eid al-Adha, símbolo de la devoción, el sacrificio y la sumisión ante Dios, siempre ha sido una valiosa oportunidad para recordar las enseñanzas religiosas y morales. El sermón de Eid al-Adha del Príncipe de los Creyentes (la paz sea con él) es un ejemplo sobresaliente de sabiduría y conocimiento espiritual.

En el día de Eid al-Adha, el Príncipe de los Creyentes (la paz sea con él) pronunció un sermón completo y profundo que contenía enseñanzas religiosas profundas, normas islámicas y consejos morales. Este sermón comienza con alabanzas infinitas a Dios y enfatiza la grandeza de Sus atributos, la necesidad de la piedad, la inestabilidad del mundo terrenal y los deberes de los creyentes hacia el Creador y la gente.

Alabanza y glorificación de Dios Altísimo

Abd al-Rahman ibn Jundub es una personalidad conocida por narrar hadices de su padre, Jundub ibn Abdullah, quien era uno de los sabios de los tabi’un (1) y de los compañeros del Príncipe de los Creyentes (la paz sea con él).

Él narra de su padre que: «El Príncipe de los Creyentes (la paz sea con él), pronunció un sermón el día de Eid al-Adha. Luego dijo el takbir y expresó:

الله اکبر، الله اکبر، لا اله الا الله، و الله اکبر، الله اکبر، و للله الحمد

“Allah es el Más Grande, Allah es el Más Grande, no hay divinidad sino Allah, y Allah es el Más Grande, Allah es el Más Grande, y a Él pertenece toda alabanza.

La alabanza pertenece a Dios que nos guió hacia esto; y el agradecimiento también es para Él, porque nos puso a prueba. La alabanza y el agradecimiento pertenecen a Dios por los animales de ganado que nos concedió como sustento.”»

La grandeza y los atributos divinos

El Príncipe de los Creyentes continuó diciendo: «Allah es el Más Grande; tan grande como el peso de Su Trono, como Su complacencia, como la extensión de Sus palabras y como el número de las gotas de los cielos y las gotas de los mares. A Él pertenecen los más bellos nombres y para Él son la alabanza y el agradecimiento en este mundo y en el Más Allá; hasta que Él quede complacido y aún más allá de Su complacencia, pues Él es Sublime y Grandioso.»

Dios es más grande que todas las cosas. Él es Majestuoso y Supremo; un Señor poderoso, dueño de la gloria y de una misericordia compasiva cuya clemencia lo abarca todo. Él es quien acepta el arrepentimiento, perdona las faltas y, mientras Sus siervos aún tienen oportunidad, por Su perdón borra los pecados con la pluma del indulto. Nadie desespera de la misericordia de Dios excepto los extraviados.»

Testimonio de la unicidad divina y de la misión profética

Después de alabar y glorificar al Señor, el Príncipe de los Creyentes (la paz sea con él) habló sobre la unicidad de Dios y dijo: «Dios es inmensamente Grande, y reconozco sinceramente que no hay divinidad sino el Dios Único. Cada mañana y cada tarde Lo glorifico y Lo adoro.

La alabanza pertenece solamente a Dios; Lo alabamos, buscamos Su ayuda y Le pedimos perdón y guía. Doy testimonio de que no hay divinidad sino Dios Único; no tiene semejante ni asociado alguno. Y también doy testimonio de que Muhammad es Su siervo y Su mensajero.

Quien obedezca a Dios y a Su Mensajero ciertamente habrá sido guiado y alcanzará una gran salvación; y quien desobedezca a Dios y a Su Profeta caerá sin duda en un extravío profundo y prolongado.»

Advertencia sobre la inestabilidad del mundo

El Príncipe de los Creyentes continuó en el sermón de Eid al-Adha hablando sobre la inestabilidad del mundo: «¡Oh siervos de Dios! Os recomiendo la piedad divina y recordar frecuentemente la muerte. Guardaos de este mundo del cual quienes estuvieron antes de vosotros no obtuvieron permanencia, y que tampoco permanecerá para quienes vengan después de vosotros; sabed que el destino de quienes habitan en él es el mismo destino de los anteriores.

«Sabed que es como si este mundo estuviera llegando a su fin y anunciara su despedida. Sus bellezas y placeres no duran, y rápidamente da la espalda a quienes se apegan a él y se aleja. Este mundo está mezclado con la destrucción y conduce poco a poco a las personas hacia la muerte.»

Invitación a prepararse para el viaje eterno

El Príncipe de los Creyentes (la paz sea con él), utilizando expresiones poéticas sobre lo efímero de este mundo y la permanencia de la recompensa eterna, dijo: «Aquello que parecía dulce en este mundo se vuelve amargo; y lo que era puro y transparente se torna oscuro. De este mundo no queda más que un residuo, como el agua que queda en el fondo de un recipiente o un pequeño sorbo de agua; tan poco que si un sediento lo probara, no apagaría su sed.

Por lo tanto, ¡oh siervos de Dios!, preparaos para partir de él y decidíos a abandonar este mundo; pues ningún ser vivo puede aferrarse eternamente a la permanencia y no hay alma que no haya aceptado el mandato de la muerte. Tened cuidado de que las falsas esperanzas no os dominen ni consideréis lejana la llegada del fin y del plazo de vuestra vida, porque entonces vuestros corazones se endurecerán. No os dejéis engañar por las ilusiones, los engaños y las promesas de Satanás, porque Satanás es vuestro enemigo y desea vuestra destrucción y perdición.»

Adorar a Dios durante la oportunidad de la vida

Luego el Príncipe de los Creyentes (la paz sea con él) explicó: «¡Oh siervos de Dios! Mientras estéis vivos, adorad a Dios. Juro por Dios que aunque lloréis como camellos heridos por la pérdida de sus crías, y gritéis con lamentos como las palomas entristecidas, y os apartéis del mundo como los monjes retirados, clamando y suplicando, y aunque sacrifiquéis vuestras riquezas e hijos en el camino de Dios buscando cercanía a Él, elevación de rango ante Su presencia o el perdón de los pecados escritos por los escribas divinos y registrados por los ángeles, todo ello sería poco en comparación con la recompensa que esperáis de Dios Altísimo y frente al castigo que teméis.»

La insuficiencia de las obras humanas frente a las bendiciones divinas

El Príncipe de los Creyentes (la paz sea con él) al describir la grandeza de las bendiciones divinas, dijo: «Juro por Dios que aunque vuestros corazones se derritieran completamente por temor a Él y vuestros ojos lloraran sangre por miedo reverente, y luego vivierais tanto como dura el mundo realizando las mejores obras, aun así vuestras acciones no podrían igualar las inmensas bendiciones que Dios os ha concedido. Solo mediante Su misericordia y Su gracia seréis dignos del Paraíso.

Que Dios nos haga a nosotros y a vosotros de entre la gente de la justicia, el arrepentimiento y aquellos que retornan hacia Él.»

La bendición y la santidad de este día

El Príncipe de los Creyentes consideró el día de Eid al-Adha como un día grandioso y recordó a todos sus modales y actos diciendo: «Sabed que hoy es un día de enorme santidad, cuya bendición es motivo de esperanza y en el que se espera el perdón de los pecados.

Por lo tanto, recordad mucho a Dios y, mediante el arrepentimiento, la humildad y la súplica, poneos bajo la misericordia y la recompensa divina; pues Él es quien acepta el arrepentimiento de Sus siervos, perdona los pecados y es Misericordioso y amante de los creyentes.»

Normas y modales del sacrificio y el agradecimiento por las bendiciones

El Príncipe de los Creyentes (la paz sea con él) continuó su sermón diciendo: «Si alguno de vosotros realiza un sacrificio, debe sacrificar un cordero de oveja; y sacrificar un cabrito no equivale a ello.

Uno de los signos de la perfección del sacrificio es que sus ojos y sus orejas estén sanos.

Si sus ojos y orejas están sanos, el sacrificio es válido y completo; pero si su cuerno está roto o arrastra la pata por el suelo al momento del sacrificio, no es suficiente. Cuando hayáis realizado el sacrificio, comed de su carne, alimentad a otros y guardad una parte; y agradeced a Dios que haya hecho de la carne del ganado un sustento para vosotros.»

Recomendación sobre la oración, el zakat (2) y otras obligaciones

El Príncipe de los Creyentes (la paz sea con él) dijo: «Realizad la oración, pagad el zakat y cumplid con la adoración de manera completa y correcta.

Mantened viva la verdad y la justicia, y aferraos con deseo y voluntad a aquello que Dios os ha hecho obligatorio.

Cumplid con el Hayy, el ayuno, la oración, el zakat y todas las obligaciones y manifestaciones de la fe que Dios os ha prescrito; pues la recompensa divina es inmensa y su bien y bendición son abundantes.

Animad a las personas a hacer el bien y alejadlas de las malas acciones. Ayudad al débil, socorred al oprimido y detened al injusto y a quien siembra dudas y confusión entre la gente.»

Buen trato, honestidad y lucha en el camino de Dios

Hacia el final del sermón, el Príncipe de los Creyentes exhortó a los presentes a tratar bien a las mujeres y dijo: «Tratad bien a vuestras mujeres y a vuestros siervos. Sed veraces al hablar, devolved con honestidad aquello que os ha sido confiado a sus legítimos dueños y cumplid vuestros pactos y promesas. Manteneos firmes en la defensa de la verdad y la justicia, y dad la medida y la balanza de forma completa.

Luchad en el camino de Dios como Él merece. Que la vida mundanal no os engañe, y que Satanás, el engañador, no os haga caer en arrogancia y engaño respecto a Dios.»

Conclusión del sermón con la recitación del Corán

El Príncipe de los Creyentes (la paz sea con él) concluyó su importante sermón con estas palabras: «Sin duda, la exhortación más elocuente y la mejor de las palabras es la Palabra de Dios.» Luego dijo:

أعوذ بالله من الشیطان الرجیم

Me refugio en Dios del maldito Satanás

Recitó la sura Al-Ikhlas y se sentó como quien tiene prisa; después se levantó y dijo: «La alabanza y el agradecimiento pertenecen a Dios. Lo alabamos, buscamos Su ayuda y Su guía, Le pedimos perdón y depositamos nuestra confianza en Él.»

Después de ello, pronunció un breve sermón siguiendo el estilo del sermón de la oración del viernes.

(1) Los tabi’un son musulmanes que conocieron, acompañaron o coincidieron con uno o varios de los compañeros del Profeta, pero que no llegaron a ver al propio Profeta.
(2) Zakat es un tributo que los musulmanes están obligados a pagar sobre algunos bienes y debe ser usado en ciertos casos específicos que se han explicado en el Sagrado Corán y otras fuentes islámicas.
Fuente
Bihar al-Anwar, volumen 88, página 99; Misbah al-Mutahajjid, página 363

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