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Maytham al-Tammar junto a la palmera donde fue martirizado por orden de Ibn Ziyad

Maytham al-Tammar, el hombre que se convirtió en el fiel compañero del Príncipe de los Creyentes

Maytham al-Tammar al-Asadí al-Kufí fue uno de los compañeros del Príncipe de los Creyentes (la paz sea con él), así como del Imam Hasán al-Muytaba y del Imam Husáin (la paz sea con ellos). Conforme a la profecía del Príncipe de los Creyentes, fue colgado de una palmera por orden de Ibn Ziyad.

Maytham al-Tammar fue martirizado el 22 de Dhu al-Hiyya del año 60 de la Hégira (26 de septiembre de 680 d.C.), diez días antes de la llegada del Imam Husáin (la paz sea con él) a Irak. Su noble mausoleo se encuentra cerca de la Mezquita de Kufa.

Maytham, uno de los leales compañeros del Príncipe de los Creyentes (la paz sea con él), aguardó durante años, con anhelo, el cumplimiento de la promesa divina y mantenía una estrecha relación con la palmera junto a la que sería colgado. Durante la época de opresión de los omeyas, fue martirizado al revelar la verdad y mantenerse firme en su lealtad a la Wilayah.

La buena nueva para Maytham

Entre los compañeros del Príncipe de los Creyentes (la paz sea con él), Maytham al-Tammar ocupaba una posición especial como depositario de sus secretos. Fue una de aquellas personas a quienes el Príncipe de los Creyentes había hablado repetidamente acerca de su destino final y de su martirio en el camino de la verdad.

Maytham al-Tammar relata: «El Príncipe de los Creyentes me llamó y dijo: “¡Oh Maytham! Si Ubayd Allah ibn Ziyad, ese bastardo de los omeyas, te convoca y te exige que reniegues de mí, ¿qué harás?”».

Respondí: «¡Oh Príncipe de los Creyentes! Juro por Dios que jamás renegaré de ti».

El Imam dijo: «Por Dios, entonces te matará y te colgará de una palmera».

Dije: «Seré paciente, pues ese sufrimiento es pequeño en el camino de Dios».

Él dijo: «¡Oh Maytham! Entonces estarás a mi mismo rango».

La profecía de su martirio

El Príncipe de los Creyentes (la paz sea con él) había instruido a Maytham en numerosos conocimientos y en los secretos ocultos del Imamato. Maytham transmitía parte de ellos, pero algunos habitantes de Kufa dudaban de sus palabras y atribuían tales afirmaciones al Príncipe de los Creyentes, considerándolas fantasías, confusión o engaño.

Hasta que un día, en presencia de numerosos compañeros —entre ellos tanto escépticos como fieles seguidores— le dijo: «¡Oh Maytham! Después de mí serás arrestado y colgado de una palmera. En el segundo día, la sangre brotará de tu nariz y de tu boca hasta teñir tu barba. Y en el tercer día serás herido con una lanza y abandonarás este mundo. Prepárate para ese día. El lugar donde serás crucificado estará junto a la puerta de la casa de Amr ibn Hurayth. Serás el décimo de diez hombres que serán colgados; el madero de tu horca será el más corto y estarás más cerca del suelo que todos los demás».

Luego el Príncipe de los Creyentes dijo: «Te mostraré la palmera en la que serás colgado».

Y dos días después se la mostró.

La profecía de su arresto

Después de conocer por el Príncipe de los Creyentes (la paz sea con él) la forma de su martirio, Maytham acudió a uno de los notables de su pueblo y le dijo: «Parece que veo cómo un día ese bastardo, hijo de gente impura, enviará a alguien a buscarme. Tras preguntar por mí durante varios días, me llevarás ante él. Finalmente me matarán junto a la puerta de la casa de Amr ibn Hurayth y, el segundo día, sangre fresca brotará de mi nariz».

Su vínculo con la palmera

A veces Maytham acudía junto a aquella palmera, rezaba a su lado, acariciaba su tronco y decía: «¡Dichosa seas, oh árbol! He sido creado para ti y tú has crecido para mí. ¡Oh palmera! No te has alimentado sino para mí y yo no he sido alimentado sino para ti».

También visitaba a Amr ibn Hurayth y le decía: «¡Oh Amr! Si algún día llego a ser tu vecino, trátame como a un buen vecino». Amr, creyendo que Maytham deseaba comprar una casa o un terreno junto a su propiedad, respondía con entusiasmo: «¡Ojalá lo hagas!».

Incluso después del martirio del Príncipe de los Creyentes (la paz sea con él), continuó visitando aquel árbol hasta que fue talado. Después siguió cuidando de su tronco y visitándolo regularmente.

El encuentro de Maytham con Umm Salama

En el mismo año en que fue asesinado, Al-Tammar realizó la peregrinación del Hayy y visitó a Umm Salama. Ella le preguntó: «¿Quién eres?».

Respondió: «Soy un hombre de Irak». Ella le preguntó por su origen y él respondió que era seguidor de Alí ibn Abi Tálib (la paz sea con él). Umm Salama dijo: «¿Eres Maytham?».

Respondió: «Sí, yo soy Maytham». Umm Salama dijo: «¡Gloria a Dios! Juro por Dios que muchas veces escuché al Mensajero de Dios hablar de ti con Alí durante la noche».

Luego Maytham preguntó por el Imam Husáin (la paz sea con él). Le dijeron que estaba en un jardín. Él dijo: «Informadle que deseaba saludarlo y que, si Dios quiere, nos encontraremos ante el Señor de los mundos. Hoy no puedo verlo y tengo intención de regresar».

Umm Salama pidió un perfume y perfumó su barba. Maytham dijo: «Debes saber que esta barba será teñida con sangre».

Umm Salama preguntó: «¿Quién te ha informado de eso?».

Maytham respondió: «Mi señor, el Príncipe de los Creyentes (la paz sea con él), me lo ha informado».

Entonces Umm Salama lloró y dijo: «Él no es solamente tu señor, sino también mi señor y el señor de todos los musulmanes».

Después se despidió de él y Maytham regresó a Kufa.

El arresto de Maytham

Tiempo después, Maytham al-Tammar partió hacia La Meca. Mientras tanto, Ubayd Allah ibn Ziyad envió un mensajero a uno de los compañeros y allegados de Maytham para preguntar por él. Aquel hombre respondió que Maytham se encontraba en La Meca.

Ibn Ziyad dijo: «Si no me lo traes, ciertamente te mataré», y fijó un plazo para su comparecencia. Aquel hombre se dirigió a Qadisiyya y esperó la llegada de Maytham. Cuando Maytham regresó, fue arrestado y llevado ante Ibn Ziyad.

Le dijeron a Ibn Ziyad: «Este hombre fue uno de los más cercanos al Príncipe de los Creyentes (la paz sea con él)».

Ubayd Allah dijo: «¡Ay de vosotros! ¿Este hombre es persa?». Respondieron: «Sí».

Ibn Ziyad preguntó: «¿Eres tú Maytham?». Respondió: «Sí». Ubayd Allah le dijo: «¿Dónde está tu Dios?». Contestó: «Está atento a todo». Ubayd Allah dijo: «Me han informado de que el Príncipe de los Creyentes te ha distinguido entre los demás».

Respondió: «Es cierto. ¿Qué deseas?».

Dijo: «He oído que el Príncipe de los Creyentes te informó de lo que te sucedería».

Respondió: «Sí, me informó de que tú me colgarás de una palmera». Ubayd Allah dijo: «¡Yo actuaré en contra de su predicción!».

Maytham dijo: «¡Ay de ti! ¿Cómo podrías contrariarlo? Él lo supo por el Profeta; el Profeta lo supo por Gabriel, y Gabriel lo recibió de Dios».

Luego añadió: «Por Dios, conozco el lugar donde seré colgado, y seré la primera persona en el Islam cuya boca será amordazada como la de un caballo».

La buena nueva para Mukhtar

Ubayd Allah encarceló a Maytham y también recluyó junto a él a Mukhtar al-Thaqafí.

Maytham le dijo a Mukhtar: «Serás liberado y te levantarás para vengar la sangre de Husáin. Matarás a este tirano y pisarás su rostro con tus propios pies».

El martirio y la vergüenza de los omeyas

Tal como Maytham al-Tammar había predicho, Mukhtar fue liberado. Sin embargo, a Maytham lo sacaron para ejecutarlo. Ubayd Allah dijo: «Aplicaré respecto a él las palabras de Alí».

Un hombre le dijo a Maytham: «¡Oh Maytham! Podrías haberte librado de este destino».

Él sonrió y respondió: «Para esto he sido creado, y este árbol ha crecido para mí».

Cuando fue colgado, la gente se reunió a su alrededor. Mientras permanecía en la horca, hablaba de las virtudes de los Banu Hashim y de las infamias de los omeyas.

Le dijeron a Ibn Ziyad: «Este hombre te ha desenmascarado y avergonzado».

Él ordenó: «Tapadle la boca».

Entonces le amordazaron la boca, y fue la primera persona en la historia del Islam a quien se le colocó una mordaza.

En el segundo día, la sangre brotó de su nariz y de su boca, y en el tercer día fue herido con una lanza y alcanzó el martirio.

Su martirio ocurrió diez días antes de la llegada del Imam Husáin (la paz sea con él) a Irak.

Fuente
Bihar al-Anwar, volumen 41, página 343

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