Los excelsos rangos del Príncipe de los Creyentes según el gran compañero del Profeta
Tras el fallecimiento del Profeta, cuando las sediciones sumieron a la comunidad en una época de oscuridad, la necesidad de una visión profunda, capaz de ir más allá de las apariencias, se hizo más apremiante que nunca. En ese contexto, una figura como Huzaifa Ibn Yaman, uno de los primeros en abrazar el islam, desempeñó el papel de puente entre «los secretos de la Revelación» y «la realidad de los acontecimientos». Conocido como el «Depositario del Secreto» del Profeta no se limitaba a transmitir relatos, sino que, apoyándose en su experiencia histórica y en las enseñanzas proféticas, buscaba el camino para superar las pruebas más difíciles de la fe mediante el apoyo al Príncipe de los Creyentes.
Conocido con el título de «Depositario del Secreto»
Huzaifa Ibn Yaman, uno de los primeros conversos al islam, fue un destacado compañero y el «Depositario del Secreto» del Profeta. Era célebre por su valentía en los campos de batalla y por su absoluta fidelidad al transmitir los hadices.
Los biógrafos lo han recordado con el título de «Depositario del Secreto» del Mensajero de Dios, pues el Profeta le confió numerosos acontecimientos y sediciones del futuro, le reveló las verdaderas intenciones de muchas personas y le dio a conocer la identidad de varios hipócritas. En particular, cuando regresaba de Tabuk (la última batalla en la que participó personalmente el Profeta), el Profeta (la paz sea con él y su familia) le mencionó uno por uno los nombres de los hipócritas que habían intentado hacer caer su montura. Por ello, el Mensajero de Dios dijo acerca de Huzaifa Ibn Yaman y del Príncipe de los Creyentes: «Ellos conocen a los hipócritas mejor que cualquier otra persona». [1]
Una manifestación del profundo vínculo del Príncipe de los Creyentes con sus compañeros más distinguidos
El Príncipe de los Creyentes (la paz sea con él), como guía de la verdad y la justicia, presenta en una luminosa declaración a un grupo de compañeros escogidos cuya existencia constituye una bendición y un medio de gracia divina para los habitantes de la tierra.
El Príncipe de los Creyentes dijo a Huzaifa Ibn Yaman: «La tierra solo tiene cabida para siete personas, pues gracias a la bendición de su existencia los habitantes del mundo reciben su sustento, el auxilio de Dios desciende sobre ellos y Su misericordia cae en forma de lluvia. Entre esos siete se encuentran grandes figuras como Salmán al-Farsí, Miqdad, Abu Dharr, Ammar y Huzaifa. Yo soy el Imam y el guía de estos siete; los mismos que realizaron la oración fúnebre sobre el cuerpo purificado de la Señora Fátima al-Zahra (la paz sea con ella)». [2]
Alí, eje de la verdad
En tiempos de confusión y discordia, Huzaifa Ibn Yaman, guiado por la luz de la profecía, afirmaba que el eje de la verdad solo podía encontrarse en seguir y acompañar al Príncipe de los Creyentes.
Zayd Ibn Suhan, uno de los compañeros del Príncipe de los Creyentes, relató: «Estaba en Basora cuando Huzaifa Ibn Yaman exhortaba a la gente y les advertía sobre la sedición y los disturbios que estaban por venir. Le preguntaron: “¿Cuál es el camino de la salvación?”. Respondió: “Permaneced con el grupo en el que se encuentre el Príncipe de los Creyentes, aunque permanecer a su lado resulte más difícil que combatir y avanzar de rodillas. Pues escuché al Mensajero de Dios decir: ‘El Príncipe de los Creyentes es el líder de los virtuosos y el vencedor de los malvados. A quien lo auxilie, Dios lo auxiliará; y a quien lo abandone, Dios lo castigará. Esta será una ley permanente hasta el Día de la Resurrección’». [3]
La renovación del pacto con el Imam Alí en un momento decisivo de la historia
En los decisivos momentos previos a la batalla del Camello (Yamal), Huzaifa Ibn Yaman llamó a sus compañeros a traducir su fe en acciones, uniéndose al Príncipe de los Creyentes, y dando así testimonio de la verdad.
Cuando el Príncipe de los Creyentes llegó a Dhu Qar para dirigirse a la batalla del Camello, Huzaifa Ibn Yaman dijo a sus compañeros: «Uníos al Príncipe de los Creyentes al sucesor del Mensajero de Dios, porque la verdad reside en prestarle apoyo». [4]
El juramento de Huzaifa sobre la autenticidad de la autoridad del Príncipe de los Creyentes
Tras la muerte de Uzmán, en medio de la crisis política que sacudía a la comunidad, cuando el Príncipe de los Creyentes, asumió el califato, un joven formuló una pregunta audaz. La respuesta firme e inequívoca de Huzaifa Ibn Yaman confirmó la autenticidad y el carácter originario de la autoridad del Príncipe de los Creyentes (la paz sea con él).
Rabi’ah al-Sa’di relata: «Cuando, tras la muerte de Uzmán, Alí Ibn Abi Tálib asumió el califato, Huzaifa recibió una carta del Imam y después se sentó en el suelo y repitió tres veces: “¡Por Dios!, el verdadero Príncipe de los Creyentes ha asumido la autoridad sobre vosotros”. Entre los presentes había un joven con la espada ceñida al cinturón. Se adelantó, pidió permiso para hablar y preguntó: “¿Acaso Alí Ibn Abi Tálib se convirtió hoy en el Príncipe de los Creyentes, o ya lo era desde el principio?”. Huzaifa Ibn Yaman respondió: “¡Por Dios!, lo era desde el principio”». [5]
El máximo ejemplo de los creyentes
Al transmitir el siguiente hadiz del Profeta, Huzaifa Ibn Yaman presenta al Príncipe de los Creyentes como el más perfecto ejemplo de los creyentes virtuosos mencionados en el Corán.
Huzaifa Ibn Yaman dijo: «Visité al Mensajero de Dios y él dijo: “El más digno de entre los creyentes virtuosos (mencionado en la aleya 4 de la sura At-Tahrim) es Alí Ibn Abi Tálib”». [6]
«صَالِحُ الْمُؤْمِنِينَ»
En este valioso hadiz, el Profeta del islam declara de manera clara y categórica que Alí Ibn Abi Tálib es el mejor de todos los seres humanos, y considera que creer en esta verdad constituye un criterio esencial de la verdadera fe.
Huzaifa Ibn Yaman narró que el Mensajero de Dios dijo: «El Príncipe de los Creyentes es el mejor de toda la humanidad; quien no acepte esta verdad habrá caído en la incredulidad». [7]
El milagro del sustento divino en la casa del Príncipe de los Creyentes
El Príncipe de los Creyentes, es la manifestación perfecta de la fe, la generosidad y la autoridad divina. El Profeta del islam (la paz sea con él y su familia) destacó en numerosas ocasiones el amor recíproco que Dios y Su Mensajero profesaban por él, así como el amor que él sentía por Dios y por Su Mensajero.
Huzaifa Ibn Yaman relata: «Cuando Yafar Ibn Abi Tálib regresó de la tierra de Abisinia para reunirse con el Mensajero de Dios (la paz sea con él y su familia), el Profeta se encontraba en Jaybar. Yafar le llevó como obsequio un perfume de gran valor y una qatifa (una fina tela de gran calidad).
El Profeta dijo: «Entregaré esta qatifa al hombre a quien Dios y Su Mensajero aman, y que ama a Dios y a Su Mensajero». Los compañeros se interesaron por descubrir quién recibiría tan gran honor. Entonces el Profeta preguntó: «¿Dónde está el Príncipe de los Creyentes?».
Ammar Ibn Yasir se levantó y fue a llamar al Príncipe de los Creyentes. Cuando llegó, el Profeta le dijo: «¡Oh, Alí!, toma esta qatifa». Alí lo recibió y esperó hasta regresar a Medina. Después fue al mercado de Baqi’ y pidió a un orfebre que separara los hilos de oro de la tela. El oro pesaba mil mizqales (aproximadamente 4,25 kilogramos). Alí distribuyó todo ese oro entre los pobres de los emigrantes y de los auxiliares (los Muhajirun y los Ansar), y regresó a su casa sin haber reservado nada para sí.
Al día siguiente, el Profeta acompañado por varios de sus compañeros, entre ellos Huzaifa Ibn Yaman y Ammar, visitó al Príncipe de los Creyentes (la paz sea con él), y le dijo: «¡Oh, Alí! Ayer recibiste mil mizqales de oro; hoy invítanos a mí y a estos compañeros a comer». En aquel momento, el Príncipe de los Creyentes no poseía ni oro ni plata, pero con modestia y nobleza respondió: «Sí, ¡oh, Mensajero de Dios! Será un honor recibirlos a usted y a sus compañeros».
El Profeta entró en la casa y nos dijo: «Entrad todos». Huzaifa Ibn Yaman cuenta: «Éramos cinco: yo, Ammar, Salmán, Abu Dharr y Miqdad. Entramos. El Príncipe de los Creyentes, fue junto a Fátima (la paz sea con ella), para buscar algo con que atender a los invitados. De pronto encontró en el centro de la casa un gran recipiente, del que salía vapor; estaba repleta de carne y desprendía una fragancia semejante al almizcle. El Príncipe de los Creyentes lo llevó hasta el Profeta y los presentes. Todos comimos hasta quedar plenamente satisfechos, sin que disminuyera en absoluto la cantidad de alimento.
Después, el Profeta se dirigió a Fátima y le preguntó: «¡Oh, Fátima! ¿De dónde ha venido este alimento para vosotros?». Fátima respondió, mientras todos nosotros escuchábamos: «Proviene de Dios; ciertamente, Dios concede sustento sin medida a quien Él quiere». Entonces el Profeta, con los ojos llenos de lágrimas, dijo: «¡Alabado sea Dios, que no permitió que muriera sin contemplar en mi hija lo mismo que Zacarías contempló en María! Tal como Dios ha dicho:
«لَّمَا دَخَلَ عَلَيْهَا زَكَرِيَّا الْمِحْرَابَ وَجَدَ عِنْدَهَا رِزْقًا ۖ قَالَ يَا مَرْيَمُ أَنَّىٰ لَكِ هَٰذَا ۖ قَالَتْ هُوَ مِنْ عِنْدِ اللَّهِ ۖ إِنَّ اللَّهَ يَرْزُقُ مَنْ يَشَاءُ بِغَيْرِ حِسَابٍ»
“Cada vez que Zacarías entraba en el lugar de oración donde ella se encontraba, hallaba junto a ella provisión. Le preguntaba: ‘¡María!, ¿de dónde te viene esto?’. Ella respondía: ‘Proviene de Dios; ciertamente, Dios concede sustento sin medida a quien Él quiere’”». [8]
La elevada posición del Príncipe de los Creyentes ante el Profeta
El siguiente precioso hadiz transmitido por Huzaifa Ibn Yaman pone de manifiesto la profunda unión espiritual entre el Profeta y el Príncipe de los Creyentes, y anuncia para él y para sus verdaderos seguidores una excelsa posición en el Paraíso.
Huzaifa Ibn Yaman narra: «El Mensajero de Dios besó el entrecejo del Príncipe de los Creyentes y dijo: “¡Oh Alí! Tú eres parte de mi propio ser. Allí donde yo me encuentre, tú también estarás. En el Paraíso te ha sido concedido un grado, el de al-Wasila, la más elevada de las moradas del Paraíso. ¡Bienaventurado seas tú y tus seguidores después de ti!”». [9]
El testamento de apoyar al Príncipe de los Creyentes
Fiel a su compromiso con el liderazgo del Príncipe de los Creyentes, Huzaifa Ibn Yaman, el perspicaz compañero del Profeta, permaneció firme hasta el último instante de su vida y, al exhortar a los demás a apoyar al Príncipe de los Creyentes, señaló a las generaciones futuras el camino de la salvación.
En el año 36 de la Hégira (656 d.C.), Huzaifa Ibn Yaman cayó gravemente enfermo en la ciudad de Kufa. Fue entonces cuando recibió la noticia del califato del Príncipe de los Creyentes. Huzaifa, uno de los más fieles compañeros del Profeta y firme defensor del Príncipe de los Creyentes, dirigió en los últimos días de su vida un importante testamento a sus hijos y a los habitantes de Kufa, exhortándolos a acudir en apoyo del Príncipe de los Creyentes, y a permanecer a su lado. [10]
La firme adhesión de Huzaifa Ibn Yaman a la verdad quedó patente hasta los últimos instantes de su vida, al recomendar seguir al Imam Alí
Ibn Zufar, uno de los jefes de la tribu de Qays, relató: «Estuve junto a Huzaifa en el momento de su muerte. En sus últimos instantes, le pregunté: “Ahora que ha estallado el conflicto entre Talha y Zubayr contra Alí Ibn Abi Tálib, ¿qué me ordenas hacer?”. Me respondió: “Tan pronto como termines de enterrarme, monta en tu cabalgadura y únete a Alí Ibn Abi Tálib, porque él está con la verdad y la verdad jamás se separa de él”». [11]
Huzaifa Ibn Yaman falleció en Mada’in a comienzos del año 36 de la Hégira (656 d.C.), cuarenta noches después de la muerte de Uzmán y del inicio del juramento de lealtad del pueblo al Príncipe de los Creyentes (la paz sea con él). [12]
Fuentes
[1] Ibn al-Athir, Ali ibn Abi al-Karam, Asad al-Ghaba fi Ma‘rifat al-Sahaba, vol. 1, p. 391; Ahmad ibn Ali al-Tabrisi, Al-Ihtijaj, vol. 1, p. 66.
[2] Bihar al-Anwar, vol. 22, p. 351.
[3] Bihar al-Anwar, vol. 22, p. 109.
[4] Ibn Abi al-Hadid, Sharh Nahy al-Balagha, vol. 2, pp. 187–188.
[5] Sayyid Ibn Tawus, 1374 H. Sh., p. 386.
[6] Shawahid al-Tanzil, vol. 2, p. 348.
[7] Ithbat al-Hudat, vol. 3, p. 224; Kashf al-Yaqin, vol. 1, p. 291; Kashf al-Ghumma, vol. 1, p. 156; Al-Mustarshid, vol. 1, p. 271; Bisharat al-Mustafa, vol. 1, p. 246; Al-Risala al-Alawiyya, vol. 1, p. 32.
[8] Al-Amali, vol. 1, p. 614; Bihar al-Anwar, vol. 37, p. 105.
[9] Mi’at Manqaba, vol. 1, p. 86.
[10] Waqa’i al-Sinin wa al-A’wam, vol. 1, p. 90.
[11] Bihar al-Anwar, vol. 22, p. 109.
[12] Ibn Sa’d, Muhammad ibn Sa’d, Al-Tabaqat al-Kubra, vol. 7, p. 317.